HISTORIAS INFORMATICAS: Novelizando nuestras Historias de Ordenadores

Me “Encarta” (Capítulo I)

La noche era bastante fría y eso que se había criado en la Estepa rusa con sus padres adoptivos. Sabía lo que era pasar verdadero frío, pero hoy parecía como si los pingüinos hubieran venido a vivir a esta maldita ciudad.

Esperaba escondido al cargamento en su maltrecha camioneta entre los contenedores que iban a ser cargados en la próxima salida de la nave “Zirius” con destino Japón.

Sentado en el asiento delantero se columpiaba atrás y adelante intentando hacer pasar así el frío invernal mientras expiraba una bocanada de aire que hacia que el vaho se convirtiera en hielo al instante.

Un leve susurro pareció escucharse y Walter se enderezó alerta como un perro de presa. Miró nervioso a ambos lados pero sólo podían verse algunas hojas revolotear debido a una fuerte brisa que soplaba en esos instantes.

Relajado siguió con su pasatiempo preferido cuando estaba en esa zona del puerto, intentar adivinar qué contenían aquellos monstruosos contenedores mientras observaba cómo unos  trabajadores descargaban la mercancía en sus camiones.

Una luz de linterna le iluminó el rostro desde un gran camión ubicado al otro lado de la carretera. ¡Era la señal!

Bajó con cierta calma de su vehículo y cerró con estruendo la puerta. Los hombres que estaban realizando su cometido giraron un instante sus cabezas pero siguieron con su trabajo lo más rápido que podían.

Walter caminó entre la niebla, escupió al suelo y dió una última calada a su cigarro. Empujó la colilla con dos dedos y esta salió volando hacia un charco de agua que había cerca.

Una sirena de policía se oía a lo lejos y eso puso en alerta al viejo que se encontraba en el camión, Walter se puso tenso, miró hacia los lados y caminó con premura hacia su contacto.

-¿Has traido la mercancía, Lucio?

-¡Coño! ¿Cuántas veces te he dicho que no digas mi nombre en alto, WALTER?

Una medio sonrisa entre lo cómico y lo cruel apareció en el rostro del hombretón ruso, obviamente no se llamaba Walter.

-Tengo que coger todo lo antes posible, hay que llevarlo a la otra punta de la ciudad en menos de dos horas y no está el tema como para ir perdiendo tiempo.

-He traido al “chico” para que te ayude a descargar, yo sigo con espalda jodida.

Subió al camión y encontró hecho un ovillo al joven con una manta rota por encima. Le dio una patada en el culo y “chico” se levantó como un soldado a la hora de tocar la trompeta que llama a orden.

Con gran sutileza iban descargando palés y las cajas volaban del camión a la furgoneta formando arcos del triunfo. Walter seguía medio sonriendo ya que se imaginaba los euros que iba a ganar con esta transacción, era un buen momento para introducir este producto y la marca aunque tenía nombre de medicamento le gustaba: Merbatim.

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  • Muy buena si señor, me gustan mucho tus post.

  • Muchas Gracias Solcillo, estoy ya inmiscuido con la segunda parte…..a ver qué tal sale.

  • Muy bueno compañero.

  • Esperando la segunda parteee

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