HISTORIAS INFORMATICAS: Novelizando nuestras Historias de Ordenadores

Me “Encarta” (Capítulo 2)

Lorenzo resplandecía con grandeza a las afueras de Madrid en el fantástico Campo de las Naciones. No había ni un sólo hueco pero Victor se empeñaba en encontrar un sitio para su furgo en una de las puertas principales. En cuanto se dió cuenta de que era imposible se acercó a la parada de taxis, sacó un billete de 100 €, miró con rotundidad a uno de los taxistas, se lo enseñó y sin más dilación este apartó su coche para dejar que la Volkswagen LT 35 blanca ocupara su sitio.

Corrió con premura al interior ya que era cerca de la hora del cierre, no podía dejar pasar esa oportunidad.

Le habían comentado que ahí estaba lo que andaba buscando. Se trataba de la pirámide…..¡ni más ni menos!….¡la pirámide!….. ¡Esa era su misión, encontrarla!.

Había unos cuantos pabellones y no sabía en qué número estaba, tenía que ir deprisa, algunos stands ya estaban cerrando.

- ¿Quieres….?

Salió a su paso un preciosa belleza casi en paños menores ofreciéndole algún producto de última generación.

-Lo que yo quiero ahora no te interesa, chata, respondió descortesmente.

La chica hizo una mueca sacando su lengua mitad de dolor mitad de desagrado.

El joven seguía en su desquiciada búsqueda.

Al llegar al pabellón nº10 encontró lo que buscaba.

Una pirámide hecha con cds de la marca Brinco ocupaba el centro de la sala.

Preguntó a un par de comerciales vestidos con sus mejores trajes comprados en el chiringuito de su barrio si podía hablar con el encargado.

Llamaron a otro todavía mas joven y este se acercó con una sonrisa profident alargando su mano.

-¿Qué desea?

-¿Qué coste tiene la pirámide?

-¿Cómo?

-Te doy 6.000 € por todo y me lo llevo ahora mismo

-Pero….

-¡10.000 €!

-No es posible, no está en venta, además tiene un coste mucho mayor.

Sacó un sobre en donde se había un fajo de billetes con 15.000€, le dio la mano con contundencia, hizo un leve gesto con la cabeza y aparecieron 4 de sus hombres con unas mini-grúas de carga y descarga.

Mientras los jovenes cargaban los cds en gigantescos palés, Victor marchaba hacia su furgoneta sin mirar hacia atrás sonriendo.

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